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viernes, 29 de octubre de 2010

Brujas


—Para practicar vudú y manipular esos fetiches humanoides, antes, deberías saber ciertas cosas —dijo casi en un susurro, la abuela Nicomedes. Pero la oí y en ese preciso instante, confirmé, definitivamente, mis dotes de bruja. Fue entonces, que previo acuerdo del pago dos cigarritos y un chupito de aguardiente por cada clase comenzó la doctrina. A escondidas, comenzamos a reunirnos por las noches, en las que me fue revelando teorías herméticas. Habló de la piedra filosofal, de la materia quinta esenciada, de ancestrales alquimistas… Presa del encantamiento de su voz, agudizaba los oídos para empaparme de tal sabiduría, aunque esperaba con ansias algún tipo de liturgia. —Ya llegará la iniciación, en ceremonia de alta magia blanca —decía y repetía: “Luna nueva bendita, con tus cuatro cuartos crecientes, en tus idas y venidas, tráeme muchas de éstas semillas”

Anoche, mientras escribía este relato, caí en un sueño profundo, hasta que la abuela Nico, cual tromba, irrumpió en la sala:

—Nena, ¡despierta! Es viernes ¡Son las vísperas de Halloween! ¡Ya es la hora! ¡Y por favor, llámame Carmen, gurisa!... que de no haber muerto, nadie, nunca jamás, hubiese sabido que me llamaba Nicomedes—







En recuerdo de mi abuela materna que no conocí Se bautizó a sí misma:
Carmen Cajes. Cuando murió se supo la verdad: Se llamaba Nicomedes Zaragoza.
No era bruja, yo sí.





viernes, 17 de septiembre de 2010

Amazing


“El mañana les espera con las manos vacías…” comenzó diciendo aquella voz. Y yo, nunca -hasta hoy- lo había mencionado con nadie-
En junio de 2001 –junto con mis dos hijos- nos mudamos a la Torre I, piso once I, a un edificio nuevo en la calle once de septiembre. Siempre quise vivir en el barrio de Belgrano, no por cajetilla sino porque me atraía la conservación en la urbe, de esos viejos caserones remodelados, cuyos árboles añejos, parecían arrullarles.
Lo cierto, es que –si bien era algo muy ansiado- la sensación de armonía y felicidad que experimentamos mi hija y yo, la primera noche que nos mudamos, fue algo “sobrenatural”, al punto, de necesitar acariciar y besar las paredes.
No fue entonces hasta la primavera –a tres meses de habernos instalado- que ocurrió lo inesperado. Me tumbé sobre las baldosas del balcón-terraza con orientación oeste, solo para contemplar las primeras estrellas, que aparecían intermitentes entre las pinceladas fucsia-crepúsculo, bajo el cielo azul. Sin embargo, el espectáculo, estaba en el ángulo derecho del balcón. De la esfera tornasolada fulgurante donde podía distinguirse el Todo, el universo, lo infinito… podía también escucharse una voz: “El mañana les espera con las manos vacías… únicamente, podréis llenarlas con amor” Insondablemente emocionada, comprendí entonces de que se trataba. No solo Daneri tuvo el privilegio en su vieja casona, en mi “depto” nuevo, también se hallaba un Aleph.

A Di, my lady.

lunes, 21 de junio de 2010

Médium



Las almas de los que no habían sido enterrados, comenzaron a manifestarse a través del televisor, noche tras noche. No eran mis muertos, “La mamma” es algo revoltosa pero jamás irrumpe en el descanso nocturno.
Llevaba siete noches de sobresaltos -¡plaf!- una y otra vez, sobre la carcasa plástica del aparato. La percepción sin clarividencia, retarda el proceso de reconocimiento, entonces, decidí utilizar el péndulo. Me cubrí con una manta y fui a la cocina. De pie, pedí asistencia a los maestros iluminados, inspiré profundo tres veces, exhalé y realicé un ejercicio de armonización equilibrando cada uno de los chakras
-requisito imprescindible para manipular cualquier elemento de radiestesia-. Coloqué un tablero Ouija sobre la mesa y comencé:

— ¿Estoy recibiendo asistencia? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
— ¿Hay entidades deambulando? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
— ¿Están relacionadas conmigo? — Péndulo oscilante diagonal hacia la derecha [más o menos]
— ¿Puedo saber su nombre? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
Cuando me acomodé para indagar con el péndulo sobre el abecedario, apareció mi esposo, se detuvo en la puerta y dijo:

—Soy Luis Palacios, fusilado en Asturias en el año 1938, solo deseo decirte que te quiero
Dio media vuelta y volvió a la cama. Al día siguiente, no recordaba nada. Él nunca habla de su abuelo materno.


Luis Palacios

miércoles, 28 de abril de 2010

Libélulas



Un sutil aleteo tornasolado, hizo detener a la campesina. Como cada tarde, vencedora de lluvias y soles, bajaba de la huerta...






Asida a su cayado, recelosa, sostuvo la capelina de paja, ante la fuerte ráfaga de viento que se desató de la nada. Algo la hizo emprender una veloz carrera, acelerando su ritmo cardíaco a niveles desbordados para sus setenta…
— ¡David! ¡David! —repetía a viva voz, con el aliento entrecortado— Alarmado, el hijo corrió a su encuentro para sostenerla en sus brazos. —¿Qué pasa…? ¿Qué… qué…?— Doña Mercedes, sin poder pronunciar palabra, se abalanzó sobre el buró, levantó una de sus tapas, abrió con prisa y manos temblorosas el antiguo cofre de malaquita, del que se desparramaron unas cartas envejecidas… Por la ventana, se colaron sin permiso tres libélulas. Depositó un sobre amarillento sobre las manos de su desconcertado hijo —Es de tu padre, para ti, debes leerlo.— No entiendo —dijo David— ¿Por qué ahora? — No lo sé — respondió exaltada la mujer — Pero estoy segura que es la hora… Es la señal… Son las libélulas… sus alas… todas de colores diferentes…— Aturdido, el joven granjero salió al patio y se acomodó en el rústico banco de madera, que envejecía crujiente bajo el cerezo. Abrió el sobre con ilusión de niño… Ahora, tenía treinta años.

“Hijo mío, mi David querido: Es mi voluntad que leas estas palabras cuando seas mayor, cuando puedas comprender que me he ido. Estoy seguro que me recordarás, tu madre lo habrá hecho bien, no tengo dudas.Muchacho, si todo cuanto soñamos tu Mama y yo ha sido posible, hoy serás un hombre de bien, serás valiente y verdadero, por eso no voy a hablarte de valores, voy a hablarte de “secretos”.Debes encontrar un tesoro que te he dejado escondido. Mira el nogal, seguro no te acuerdas, pero lo plantamos juntos y justo detrás, quiero que caves un hoyo, a poco más de cincuenta centímetros, cuando la pala se resista sobre piedras, con tus manos quítalas una a una. Encontrarás una pequeña caja de níquel (pertenecía a tu bisabuelo) y dentro hay un pergamino muy valioso. Ve ahora, hijo, hazlo, cuando hayas acabado, tu madre te dará un regalo.”

En estado de conmoción siguió las indicaciones de la carta. Tal como decía, cavó y halló las piedras, ovaladas, lisas, casi todas iguales, las quitó una por una, hasta que delante de sus atónitos ojos apareció la caja. Con los dedos deslucidos por el trabajo de la granja, quitó la tierra que la cubría, mientras temblaba y por su mejilla, caía una lágrima. Abrió con sumo cuidado, dentro, el manuscrito enrollado y atado con un cordel violáceo, esperaba por el legatario. En el rústico papel podía leerse:

“El TODO es mente; el universo es mental”.
“Como arriba es abajo; como abajo es arriba”.
“Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”.
“Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”.
“Todo fluye y refluye, todo tiene sus períodos de avance y retroceso”
“Toda causa tiene su efecto”
“La generación existe por doquier, todo tiene sus principios masculino y femenino”

PIDE UN DESEO DESDE LO MÁS PROFUNDO DE TU ALMA

Ahora cierra los ojos por unos instantes e imagínate que ya has obtenido lo que deseas. Siente esa emoción, vívela como si fuera real. En este mismo momento todo el universo está conspirando para realizar tu pedido. El pensamiento, es una energía que “viaja” a una velocidad quizás mayor que la luz, tan solo es un instante. Esto es eterno, fundamental e inherente a todas las cosas.



¡Ten fe y Sé feliz!”


Confuso… y a la vez atrapado en una sensación extrañamente maravillosa que flotaba a su alrededor, vio cientos… ¡miles! de libélulas brillar. El viento comenzaba a chirriar…
Juan, el padre, había muerto cuando David tenía cinco años. Se le acercó su madre, emocionada y le dio un anillo que llevaba una inscripción: “Volveré con el viento”
Cuenta la leyenda, que cada vez que se levantaba un vendaval, solo en el campo de David, volaban millones de libélulas con alas multicolores y que él… preparó un nuevo tesoro para sus hijos.

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