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viernes, 19 de noviembre de 2010

Acercándose [de "Una mariposa en búsqueda del amor"]


Viernes 19 de agosto de 2005 dos de la tarde...

Mientras escribía su dedicatoria en un reluciente “Principito”:

“Esta es la versión de Saint Exupéry que buscaba, ojala sea parte de nuestra biblioteca en la casa de la montaña o de la que podamos “encontrar” juntos. Y si encuentras a tu “Principito” yo seré tu rosa para siempre. CHO MASSS!!! ¡Feliz cumpleaños mi vida!”

La melodía de su teléfono móvil se estrelló contra el silencio del salón de la casa, Guzmán, en el visor, avisándole que Él, estaba allí... una vez más, cómo casi siempre, por encima de todas las circunstancias, uno, al mismo tiempo, pensaba en el otro...

— ¿Y qué haces tú llamando a esta hora? — Dijo—un tanto confundida.

—Iba a llamarte más temprano aún, es que no puedo más, te echo mucho de menos, coge un autobús y vente para aquí ahora mismo—

No hizo falta mucho más, aunque los nervios, soltaron el control estrepitosamente. El cuerpo se volvió torpe, tembloroso,  rechinábanle los dientes como si tuviera frío... y por la ventana, se colaba un aire espeso con cuarenta grados de agosto madrileño...
Así... armó una maleta, entre el enloquecido borbotón de pensamientos que aún no comprendían realmente que pasaba, a que iría... La empujaba el amor, la sensación inexplicable que había sentido desde que había estado con él la primera mañana y primera vez que se había guardado sólo para ella, durante un tiempo, las exquisitas sensaciones del corazón, tan unido, en esos momentos al alma... Quería estar segura que no era un espejismo ni un deseo prematuro de suplir, o rellenar el agujero del desamor y el desencanto...

A las diecisiete y treinta salió de su casa, no había podido comer nada, apenas unos sorbos de agua, que parecían multiplicarse de inmediato en gotas de sudor, deshidratando toda la adrenalina, mezcla de miedo... alegría... incertidumbre... esperanza... ESPERANZA, que por su condición nunca había perdido: “plata o mierda” como dice constantemente su padre...“Pucha —pensó— cuanto de él marcado en mis genes, en mis actos de locura”.

Como una autómata bajó del metro para ingresar a la Terminal de ómnibus, el gran reloj del inmenso recinto indicaba las seis y cuarto de la tarde. Temblando se acercó a la ventanilla de venta de billetes, preguntó cuál era el próximo autobús con destino a Mieres (Asturias).
—Diecinueve horas— dijo la joven detrás del vidrio. Se sintió conforme, no sería tan larga la espera, lo suficiente para comprar algo para comer e intentar tranquilizarse. Sin embargo, a medida que transcurrían los minutos, su corazón más se aceleraba. Estaba segura que llamaba la atención, era un torbellino de movimientos torpes, le temblaban visiblemente las manos, lo notó en la mirada de la empleada de “Rodilla” dónde compró cosas, que ya ni recuerda. Llevaba puesto su pantalón preferido color naranja -tipo explorador lleno de bolsillos- dónde iba depositando y sacando cosas que al instante olvidaba. Ya en la plataforma de salida, delante del bus que le correspondía, extrajo de la máquina expendedora una botella de Coca-Cola para apagar la sed. La abrió inmediatamente de caer y, lógicamente, el gas hizo su espectáculo. Cómo si no había atraído ya suficientes miradas... Cuál botella de champaña regando por un triunfo, se impregnaron manchas abstractas sobre su ropa, la maleta y parte del billete que sujetaba, casi con furia. Limpió lo que pudo con una toalla de manos que llevaba en el bolso, depositó la maleta dentro del baulero del autobús, fue al servicio y decidió que lo mejor sería buscar su asiento -el número once- esperar por la partida y enviarle a él, un sms  para que supiera a que hora debía recogerla... No conseguía con nada calmar su adrenalina -sintió miedo- era demasiado galope para su ritmo cardíaco “a ver si me da algo”-pensó- En esas condiciones pulsó las teclas del móvil para escribir el mensaje: “toy en el bus, salida 19 hs NERVIOS DESCONTROLADOS”. Mientras escribía desorbitadamente, sonó el pitido con la recepción de un nuevo sms: “a q hora llegues?” E inmediatamente de recibir el de ella, el siguiente de él: “yo tb, intenta dormir, buen viaje mi vida”.

Ya en marcha el bus hacia la carretera, hizo algunas inspiraciones profundas, exhalando suave para armonizar las palpitaciones y comenzó a ejecutar lentamente algunos de los ejercicios de control mental que alguna vez había aprendido. Buscó acomodo entre los dos asientos -no tenía acompañante- decidió sumergirse en la película que empezaba a rodar y a comer algo de lo que había comprado... Su estómago, que ya era una ruleta de casino, crujía de hambre...
Al terminar la película volvió a su cuerpo y descubrió que por fin, se había tranquilizado. Poco faltaba para la primera y única parada a mitad de camino. Allí comenzó a tomar conciencia, a entrar en esa rara conexión de “viajes” consigo misma, “viajes” que ha ido experimentando durante toda su existencia sin necesidad de droga alguna. Y recordó entonces que aparte de Él, por primera vez llegaría a Asturias, ese lugar que le hacía ilusión sin tener en claro “porqué” ¿otras vidas? no lo sabía, estaba tan confundida en los últimos tiempos con relación a todos los vertiginosos sucesos de su zigzagueante destino...
Esta emoción comenzó en ella antes de la irrupción de él en su vida. Ni bien llegó a España la inundó Asturias por todos los sentidos... sabores, aromas, el sonido en el vaso del chorro de  sidra y el color verde cristalino del jugo de la manzana... El acento Asturiano de algunos de sus incipientes amigos, mezclando en el castizo, palabras en bable, que rápidamente caló hondo como música en sus oídos. Por ellos supo de la geografía y alucinó con “carne de gallina”. En muchos de sus “viajes” se veía sentada en un escritorio de madera maciza, al lado de una ventana, ni tan grande ni tan pequeña, una cortina etérea de voile blanco, movida por una tenue brisa. Abajo... la vista de enormes acantilados -precioso dibujo de la naturaleza- con el inmenso mar azul rompiendo en olas espumosas, contra rocas encantadas de ser bañadas con sabor a sal y algas marinas. Arriba, una alfombra en verde intenso de hierba mullida, con ese característico olor de la tierra húmeda... Sobre el escritorio, un tintero, una pluma y hojas apiladas ávidas de escritura... Detrás de ella una mano sobre su hombro, una mano serena, con esa tibieza que persigue en todos sus relatos, en la búsqueda y el trazo de su historia. Esa búsqueda que la lleva incompleta por los senderos, a pesar de los momentos conmemorables, que le ha regalado la vida. No obstante ellos, siempre se supo melancólica, perdida en “sueños” que a esta altura, había empezado a creer que sólo habitaban en el altillo de las fantasías...

El conductor anunció que pararían por veinticinco minutos, bajó del autobús, el viento fresco le envolvía y enmarañaba el cabello, el cambio de clima comenzaba a sentirse...
Fue al servicio, al salir prendió un cigarrillo dentro del parador, observó al resto de las personas, clásica costumbre... Recibió un sms: “y? hace frío en Villalpando? ja!” Sonrió... levantó la vista y vio frente a ella un teléfono público, decidió contestarle en directo sin consumir el poco saldo que le quedaba en el móvil... Lo llamó y le dijo: “Un poco fresco nomás”... Hablaron unos breves minutos, los que adjudican un euro para una llamada y se despidieron con un: “pronto nos vemos”.

Continuando el viaje, el cielo oscuro anunciaba la noche, comenzó a estar inquieta, no sobresaltada, pero inquieta... ahora comenzaba a palpitar mirando a través de la ventanilla como iban cambiando las superficies del suelo a medida que corrían los kilómetros. Lamentó la noche... —Procura llegar de día— le había dicho él—y observa el paisaje

Ya en carretera de montaña -avisado además por un cartel- vio la inmensa luna llena gigante, amarillenta, extraordinariamente luminosa que se elevaba por encima de los picos de las montañas, convirtiéndose entonces en su fiel compañía... Era la única fuente de luz natural -transmitida por el sol- que “encendía” e iluminaba su trayecto. Algunas lucecitas artificiales cada tanto se divisaban abajo, en los valles, indicando diminutas poblaciones que le hicieron suponer una vida diferente, imaginó que probablemente allí se conocerían todos, que cada uno sabría el nombre de los hijos de los otros y hasta sabrían cuando alguna perra del poblado tendría cachorritos... “Que bonito” -pensó- recordando su pueblo.

El paisaje siguiente la dejó sin aliento, comenzó a emocionarse. Un imponente lago sereno y cristalino como un espejo, reflejaba la sorprendente imagen de aquella potente e inolvidable luna que alumbraba, como para ella, el auténtico contorneo de mágicas montañas... ¡Era tal la emoción! Que le escribió un nuevo sms: “toy flipando!!! La luna llena ilumina el paisaje!!!!” Y él respondió: “y no sabes lo que ye de día!

En un momento del trayecto, el autobús se metió -literalmente- dentro de una gran montaña en un túnel construido por la mano del hombre... involuntariamente su corazón comenzó a bombear, se sintió confundida en los tiempos y espacios... Divisó entonces una bruma a la salida del túnel, como niebla, aunque parecían nubes abriéndose, para que ingresaran al cielo. Catalina tenía la sensación de ir viajando en el techo del bus, a la intemperie, porque “percibía” y “respiraba” la humedad que inmediatamente se convirtieron en lágrimas que corrieron por sus mejillas... La embargaba una honda emoción indescriptible...

La sorpresa vino, cuando al salir del túnel, leyó un letrero:

“BIENVENIDOS AL PRINCIPADO DE ASTURIAS”


A mis amigos asturianos, especialmente a Marianne y Fran.


domingo, 24 de octubre de 2010

Has llegado [Reedición]

Hace un buen rato que no hablo contigo… que no te escribo mi niña… pero eso sí, te abrazo con la longitud de mi brazo extendido en la noche, que se alarga debajo de los sueños de la almohada… Es que el brillo y la quietud de tu mirada en esa foto, me persigue en los silencios más profundos, para que no me olvide, para que no te olvide… Si es el “pucherito” de tu expresión de alondra, asustada por el flash, el que me revive tu inocencia. ¿Sabes? He estado recorriendo en mis senderos de laberintos inmortales, de aquellos dichos que en un e-mail acorazado, a mis amores, les había contado. Cuando no sabía aún a ciencia cierta si había llegado a este pueblo, aunque nunca lo sabré… por mi alma que es golondrina y emigra cuando el calor se apaga… Tuve que descubrir la humedad de la noche condensándose en los cristales, adaptar mi esqueleto… aunque los huesos crujen y se resisten… Entender que era parte del clima y no un llanto por mí… por ti… Tuve que caminar varias veces por las aceras que conducen hasta el otro lado, darme cuenta que no era el senderito aún, de yuyos aplastados por nuestro paso, serpenteados por miles de grillos augurando la entrada de la noche. ¡Ah! También hay un río… el Nalón, pero es angostito y de escasa profundidad, rocoso, como el Nilo. No es como el nuestro, que es el más ancho del mundo, y del otro lado no está la iluminada Buenos Aires… está el otro distrito, a mí… me gusta llamarle “barrio”. Cuando cruzo la calle por el puente y veo alrededor las imágenes de las inconmensurables montañas que rodean el valle, se disparan las sensaciones, y vuelo… Hasta se parecen a las que nos invadían sobre Centinela ¿vos te acordás? Sólo a vos te digo: “vos” aquí. No me costó mucho adaptarme al idioma “extranjero”. Pero vamos a lo que vamos, te escribo hoy porque justo hace un año que llegué a vivir aquí, con gran temor, con ilusión, con expectativas e incertidumbres desmembradas entre el amor, la inconsciencia que me caracteriza y el deseo de apostar por una vida mejor, siempre… Son tus pestañas de azabache que enajenan mi sentido del adulto, que me dejan a la deriva de todas las posibles rutinarias soledades. Y son tus mejillas rosadas, mofletudas, que me siguen haciendo hija, aunque sea madre. Y tus rizos rebeldes los que me impulsan a luchar por una vida, a romper esquemas, círculos viciosos encriptados en legados de familia… Por todo eso te cuido y te protejo, te oigo en las inmensidades de profundas oscuridades ignorantes. Tu vocecita de campana… que me susurra al oído: “llevame al parque de diversiones, subime a los autitoschocadores, no me soltés la mano en la montaña rusa, comprame un copo de nieve… y volemos… volemos…” ¡Ay mi niña! Voy a llevarte. Aunque sea este día, uno difícil, ha dicho la abogado que está complicado el tema de los papeles para legalizarme. Ni tejiendo un discurso por muy hábil mi arte, que va… palabrerío estéril que me deja en el banco de los suplentes, con el bolso al hombro y el título más infame: FORASTERO, SUDACA, INMIGRANTE… Y no me siento más afortunada que los africanos de las pateras empujados por la necesidad; por el hambre. Aunque me digan que a mí nadie me pediría documentos, que parezco europea… bla…bla... Vaya mierda de racismo, xenofobia y discriminación. Y voy a contarte ahora un secreto, muy a pesar de todo ello y aunque ya me lo haya predicho el amigo Jorge, hace casi un año, en sus palabras de experiencia, no por ello menos argentino, caudillo… sotreta:

"...¡¡¡Hermosísima carta!!! … me alegró mucho leerla... aunque no lo sepas aún… “ya has llegado” (con mucho esfuerzo, pero “has llegado”)... ahora te queda lo mas difícil ¡¡MANTENERTE!! y mantener todo lo que has logrado ¡¡¡ MUCHA SUERTE !! te deseo lo mejor, de todo corazón, porque te lo mereces. Un beso. Jorge"

He aquí mi secreto decía el Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos, solo lo hermoso se puede ver con el Corazón”

Y el mío:
He llegado mi niña… has llegado… HEMOS LLEGADO.

Escrito en Asturias - España en Febrero de 2007

De: "Cartas dormidas" - Inédito

viernes, 22 de octubre de 2010

Se me hizo la noche [Reedición]


“Antes de que las nubes se tiñan de rosa, tiene que emprender el regreso a casa.”

Propalándome, con espasmos en el pecho, la garganta reseca y las piernas desvencijadas, precipitada salté las cretonas de mamá. Se entrecortaba el aliento mientras repetía como un mantra: "Que no haya llegado, que no haya llegado". Las nubes eran negras y la amenaza de tormenta se encaramaba más adentro que afuera.
Se me hizo la noche… Y no era la metáfora, desde entonces, es el dicho más oscuro que detona en la memoria. Tenía permiso para jugar, de andar por el barrio, trepar a los árboles, montar en bicicleta, llegar a la playa, e incluso, hasta escaparme de la siesta. Todo, menos, desafiar al crepúsculo.

Diana no se movió, yacía echada en el patio, como en penitencia, al lado de mi padre. Él me miró sin decir nada y la perra escondió el hocico debajo de la pata delantera izquierda… Nunca supe si era zurda o si se mimetizaba con papá. "¡Uf, me salvé!" dije para mis adentros y emprendí la rutina nocturna: Calentar agua, una buena lavada en el latón y ponerse el pijama. Dejar la ropa preparada sobre la silla para la mañana siguiente, la túnica blanca ¡y no olvidarse de la moña azul! suponía una importante reprimenda de la directora de la escuela “Es una ofensa a la bandera” decía–. Luego la cena, e inmediatamente hurgar en búsqueda de un nuevo libro que sosegara los últimos hálitos de mi infante verborrea.
En cuatro patas me deslicé debajo de la cama matrimonial “No te ensucies el pijama” refunfuñó mamá.

Ávida de mitos y leyendas, tironeé con fuerza de la pesada y antigua valija donde conversaban en voz baja, Dante Alighieri, Ágatha Christi, Julio Verne, Horacio Quiroga y otros… Hasta que los enormes pies, dueños de los pasos de mi admiración profunda, eran, en ese momento, el obstáculo sugerente de que algo, andaba mal. Alcé la vista al mismo tiempo que su mano, aunque cálida, inmutablemente me detenía.

"Por una semana, le está completamente prohibido usar la biblioteca, señorita"

***


A partir del 18 de Octubre de 2010, mis escritos están dedicados a María Cuitiño (Mariucha) mi maestra de primero, quien realmente me enseñó a escribir.
Danik Lammá

lunes, 21 de junio de 2010

Médium



Las almas de los que no habían sido enterrados, comenzaron a manifestarse a través del televisor, noche tras noche. No eran mis muertos, “La mamma” es algo revoltosa pero jamás irrumpe en el descanso nocturno.
Llevaba siete noches de sobresaltos -¡plaf!- una y otra vez, sobre la carcasa plástica del aparato. La percepción sin clarividencia, retarda el proceso de reconocimiento, entonces, decidí utilizar el péndulo. Me cubrí con una manta y fui a la cocina. De pie, pedí asistencia a los maestros iluminados, inspiré profundo tres veces, exhalé y realicé un ejercicio de armonización equilibrando cada uno de los chakras
-requisito imprescindible para manipular cualquier elemento de radiestesia-. Coloqué un tablero Ouija sobre la mesa y comencé:

— ¿Estoy recibiendo asistencia? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
— ¿Hay entidades deambulando? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
— ¿Están relacionadas conmigo? — Péndulo oscilante diagonal hacia la derecha [más o menos]
— ¿Puedo saber su nombre? — Péndulo oscilante vertical [SÍ]
Cuando me acomodé para indagar con el péndulo sobre el abecedario, apareció mi esposo, se detuvo en la puerta y dijo:

—Soy Luis Palacios, fusilado en Asturias en el año 1938, solo deseo decirte que te quiero
Dio media vuelta y volvió a la cama. Al día siguiente, no recordaba nada. Él nunca habla de su abuelo materno.


Luis Palacios

jueves, 3 de junio de 2010

Primer aniversario

Imagen diseño exclusivo para "Primer aniversario"
by DamasArt ©


La cena se enfriaba en la mesa cuando llegué. El gato, deambulaba desorientado por la habitación en penumbras. Maulló cuando me vio. Tutankamon, aún sujetaba con su imán, la nota en la nevera: “¡Feliz aniversario! Yo cocino, tú emborráchame de felicidad.” Sonreí. Olía a limón y a vainilla. Todo estaba en su sitio, salvo que, Diego, brillaba por su ausencia. — ¿A que olvidó el helado de pistacho? — Me asomé al balcón, alertada por las sirenas. De la ambulancia, bajaron una camilla. Entonces lo vi… doblado por la mitad.
— ¡Ayuda por favor! ¡Es mi mujer! — Gritaba repetidamente, roto de pena.

lunes, 10 de mayo de 2010

Cuando no duermen mis marionetas




“Si tu llegas a Madrid, ya eres de Madrid…” Anunciaba una publicidad.
Entonces vuelco una vez más sobre el papel (cuenco de mi tesoro escondido) toda la caterva de sensaciones que habitan en mí…
Y me encuentro con una horda de personajes en fila imperfecta, brotan desde mi azulado centro cardíaco… Fluyen hacia la sincronicidad universal, flotan… como hojas al viento en otoño y encontrarse quien sabe con que pensamientos y sentimientos que conforman tu energía, tu YO, tu SER… Tu TODO. Cierro los ojos… observo la marcha, no menos solemne por ser irregular… le voy dando forma, color… olor… sabor, a los desfilantes. Al principio marcha “Sam” materializándose por esta causa desde “El Caballero de la armadura oxidada”… con sus enormes platillos tañendo a ritmo perfecto, con la mirada fija y cristalina hacia el “centro”, con su paso constante, sereno, sencillo… Detrás el Arlequín inquieto, curioso, colorido, estrepitoso, infantil, gozoso… ¡divertido! Con llamaradas de fuego le sopla la nuca el Dragón, intentando encandecer los cascabeles que ha cosido en su bonete, el Gran Titiritero… Y ahí veo a La Maga… ¡OH!… La Maga, la que devora tiempos y conquista estrellas, la que relata con palabras exquisitas, la mil y una forma de hacer posibles y reales los sueños… Y aún sumergida en el invierno europeo, “Tapadito Blanco”, sin marcha, pero con paso elegante, con kilómetros de pestañas rizadas hacia atrás, que enmarcan el color café de su mirada naif… INCONSCIENTE, verdadera, desafiante… hacia la nada. Un viejo cansino arrastra con esfuerzo, una caja sujeta por un cordel de platino. Asoman desde ella cabezas humanas con cientos de palabrerío estéril… certezas, realidades, circunstancias… alaridos. A lo alto y desde el arco iris, batiendo sus alas se aproxima Catalina Mariposa, la que un día decidió enfrentarse al riesgo de ser eterna y aceptar entonces el reto de descubrir quien era… ¿Una mujer que quería ser mariposa o una mariposa que quería ser mujer? Y abro los ojos… y me doy cuenta que con todos ellos y otros centenares, reales o inanimados, viajo a ti cada noche para acercarte ese beso que te entrego, porque estás aquí… aunque tu sitio, físicamente, no sea conmigo. Porque también siento la caricia de tu cuerpo cuando me doy la vuelta en mi cama para lograr dormir… tu cama, nuestra C.A.M.A. Y no sé si te espero… pero te espero. Y me sorprendo ante tanto suceso errante, hilvanados quien sabe a que tejido del destino… Es entonces cuando me limito a “dejarte solo” porque esto que te pasa (aunque nos pasa) es una historia solo contigo. Con tus tiempos, tus valores, tu propio sentir, vivir y soñar… Y solo tú puedes entrar a ese sitio, al rincón de tu alma, para hablar con el sabio. Pero te echo de menos… esté donde esté y haga lo que haga, estaré siempre contigo. Y te hablaré al oído… para decirte sólo dos palabras: TE AMO.


Madrid
Septiembre 2005


[De cartas dormidas]

martes, 4 de mayo de 2010

El cartero II (Final)

...............................¿Por qué ahora? ¿Por qué codearse con la muerte, por qué pensar que la soledad no es buena cuando había creado su perfecta y sincrónica vida?

Pensó en ella.








2ª parte y final:


Así llegó el final de Abril, las noticias no hacían otra cosa que hablar del comienzo prematuro del calor en Madrid. Estaba exhausto ya, confundido, sus sentimientos nobles de otrora le suplicaban espacio. No podía olvidar la imagen de la anciana que volvía en pesadillas noche tras noche. Un año llevaba muerta allí. Tan solo las empresas que no cobraron sus cuentas se “acordaron” de ella. Solo entonces comenzó a ser “necesitada”…

Luchando contra su ya casi enloquecido corazón, desbordado por el miedo a sufrir, refrenando todo deseo que avasallaba a su cuerpo, intentó nuevamente volver a ser el cartero de antes. Serio, cumpliendo su tarea sin involucrarse demasiado con el afuera, ni siquiera con sus compañeros. No volvería a hacer el ridículo nunca más exponiendo su vida, tan reservada en los últimos años que la convertían en un misterio volcado en algunas de sus canciones, que dejaban entrever aquel pedacito ínfimo de vida en que había sido feliz, y lo mucho, mucho que padecía por acomodarse a sobrevivir.

Era inminente el regreso a Madrid para recoger algunas pertenencias que allí le quedaron. Casi una cuarentena de días intentó convencerse que iría, volvería a ver a aquella mujer, le contaría un trozo de su vida, la amaría ese corto tiempo y se despediría de ella para siempre, para recordarla en su guarida solitaria. La mayor probabilidad de ella -siendo Sudamericana- era que regresara a Buenos Aires, donde estaba su casa, demasiado inhóspito es el tema “inmigrantes” en Europa como para correr riesgos venturosos en España. Pensando en todo eso, a mitad de semana, antes de marchar, llegó correspondencia certificada para “Cristina” y otra vez de Manuel, pero esta vez, con los datos correctos de remitente. Pulsó el timbre “C” del séptimo piso satisfecho por haber acertado el buzón…

— ¿Puede bajar a firmar? —

—Ahora mismo— respondió Cristina— con tono de castañuela en la voz.

—¡Buenos días carteru*! Ante todo voy decite una cosa: muchas gracies—



La miró con cara de asombro mientras le acercaba el bolígrafo para que firmara. — Sí, si, es que la carta que me dejaste, no era para mí, era para la chica del “B”, pero se mudó unos días antes y no sé con que destino, la verdad, así que abrí la carta pensando que podría encontrar algún dato para hacérsela llegar… pero cuando leí esas palabras, sentí un enorme impulso por conocer a esa persona -ruborizándose lo dijo- y como traía su número de teléfono, le llamé… Un poco para decirle lo que había pasado y otro poco por infinita curiosidad. En conclusión - dijo- estamos en contacto, pues ya ves, el destino parece, ha querido que nos conozcamos y francamente estoy muy conmovida… Así que por eso te doy las gracias, fuiste tú quién depositó la carta en mi buzón.— Bueno, anda, me alegro por ti, seguiré trayéndote cartas de él entonces.—dijo sonriendo— Se despidió y giró su cuerpo estremecido, son la sensación de que todos los letreros del universo le indicaran el camino, hacia una aldea, a la que no quería ir… No se imaginó nunca tampoco que un impulso, una corazonada, lo haría partícipe alguna vez de una historia como ésta, o cualquier otra… Como la de la anciana. Miró sus manos, las sintió volverse humanas, hambrientas de caricias perennes. Lo envolvió una brisa frágil, con el olor de aquel cuerpo tibio que había dejado, sin posibilidad y el permiso del abrazo espontáneo, deseoso de reconstruir un sentido, un deseo de tener a alguien más por quién vivir.

Y con todo eso, fue a Madrid. Allí se amaron con la punta del alma temblorosa en los besos. Ambos eran conscientes del adiós. La vio quedarse en la Terminal de Autobuses, inmóvil, disimulando una sonrisa, para esconder la lluvia de lágrimas que refractaban como un prisma al arco iris, descomponiendo la luz. Prometieron no llamarse ni interferir en la vida del otro, se comprometieron al intento de soltar la sorpresa del encuentro, que parecía limitarse, por todas las fronteras. No pudieron. Una semana después estaban llorando los dos, abrazados al teléfono, echándose de menos. Volvieron a apelar al juicio e intentar el desarraigo, más no hacían otra cosa que pensarse cada instante de sus vidas. Dos vidas, que debían cambiar radicalmente para vivirla en común.

Permanecieron en críptico silencio. Reflexivos. Apelando a la agonizante dosis de raciocinio que perdura, cuando estalla el amor. Apagar ese volcán, era como querer tapar con un solo dedo la inmensidad del sol...



Llegó el verano y con él, las vacaciones. Y aunque su plan era irse a Galicia y airearse al sol en sus playas... Terminó su último día de trabajar, recogió cuatro cosas y enloquecido como león encerrado que rompe la jaula, salió desbocado. A buscarla. Sin avisarle, de sorpresa… Quería decirle tantas cosas...si es que ya ni respiraba bien sin verla. Y ella… tan triste, estaba próxima a resignarse para emprender el regreso al país donde vivía. El solo hecho de pensarla tan lejos físicamente lo empujó hacia la locura, a derribar laberintos internos, a deshacer las amargas promesas, a zambullirse a un mundo que lo dejaba vulnerable, pero del que ya no era capaz de escapar. La soñaba día y noche y sabía con certeza que ella lo amaba tanto como él.

Se reencontraron con toda la locura de un amor primitivo, se devoraron acoplando sus cuerpos, eran engranajes de una pieza perfecta, como dibujados por una mano suprema. Volvió la ilusión a sus rostros y en el corazón, la peligrosa osadía adolescente que subleva raciocinios. Exploraron infinitos laberintos secretos, abrieron cada celda hermética de una pasión dormida, acicalada de sueños a punto de extinguir. Lloraron de gozo, ante el marco de diferentes lugares que la llevó a conocer, la abrazó también con la rima de su cultura, se descubrieron sensibles ante la riqueza de la historia, que los bendecía en cada beso de amor.La llevó también a su pueblo, le enseñó sus costumbres, dónde nació, como vivió… Fueron días de cuento, un librito de fantásticas figuras troqueladas, pinceladas por el sol...

Con el fin de las vacaciones llegó lo que no deseaban, una nueva separación, la vuelta a la rutina para él, a dejar de ser humano para volverse carne de cañón. Y volvió el miedo, la incertidumbre, el mensaje dañino de los modelos parentales, los mandatos sociales, el descreimiento de la felicidad. Volvió un vacío mucho más profundo que cualquier posibilidad de dignificar la vida. Volvió la culpa. Y el silencio, una vez más…



Seis meses más tarde… Llegó a su casa, abrió el buzón, le rozó los dedos la tibieza de una carta…Se sentó en los escalones del portal y leyó:



“¡Hola guaje*! Taba cebando unos mates* y acordeme de que va facer un añu que nos conocimos. ¿Tovía me ames como yo a ti? Ye que esti amor me tien comía hasta los güesos. Na, solo quería decite que toy contigo y recordate lo MUCHO, MUCHO que te amo, solo por eso ye el mi mayor deseu ¡QUE SEAS FELIZ!

¡Ah¡ Por ciertu… ¿Qué quies pa comer el día del nuestru aniversariu? ¿Humita* o fabá*? ja!



La tu moza* jejejeje!!!!!”



Sonrío. Subió las escaleras. Abrió la puerta y la abrazó…


FIN


El "carteru" hoy:

Imagen by DamasArt [Todos los derechos reservados]



*En Bable lengua asturiana:

Carteru: Cartero,

Orbayü: Llovizna.

Embruxu: Embrujo.

Fabá: Fabada, comida típica de Asturies (Asturias) a base de fabes (alubias - porotos).

Guaje: Niño

Moza: Novia


Otros:

*Humita: Relleno típico del norte de Argentina a base de granos de maíz (choclo) que se utiliza para varias opciones: empanadas, canelones etc.

*Mate: infusión típica de Argentina y Uruguay.


Curiosidades:

Esta típica costumbre de los países del Río de la Plata...

Esta infusión fue utilizada originariamente por los indios guaraníes, quienes utilizaban la yerba mate. Los Jesuitas, que se establecieron en la zona que hoy ocupa la provincia de Misiones (Argentina) mejoraron su cultivo, por lo que allí se ubican los mejores yerbatales.Actualmente la yerba (hoja de yerba mate picada) se puede adquirir en paquetes de 1/2 y 1 kilo, y en la región productora, fraccionada en bolsitas.El recipiente en el que se ceba el mate, es el "mate", que puede ser el tradicional, hecho de calabaza curada, o un jarrito de loza o enlozado, o madera. La infusión se toma con bombilla, y se puede cebar dulce o amargo. El recipiente que contiene el agua para la cebadura es la pava, cuya agua se considera "a punto" unos grados anteriores a la ebullición. Si el agua hierve, no sirve para el mate. Esta costumbre es bien hogareña en Argentina y Uruguay aunque se ha popularizado, y actualmente hay lugares en donde se usan termos, para trasladarse con el equipo de mate, para tomarlo en cualquier lugar u ocasión.




Escrito en Asturias en 2007

lunes, 3 de mayo de 2010

El cartero

Mientras la luz del flexo cuadriculaba las paredes, un cigarro encendido entre los dedos temblorosos, masticaba los últimos minutos de angustia de una noche de desvelo. A la seis de la mañana se encendió el radio reloj. Se incorporó maldiciendo el descontrol de su biorritmo, antes de que comenzaran a sonar el resto de sus meteóricas alarmas: el televisor y el teléfono móvil. Apenas había podido conciliar el sueño. Las turbulencias en su mente eran más aniquilantes que cualquier pesadilla.
Incierto, irreverente y forzoso el destino lo devolvió a su tierra luego de pasar once penosos y solitarios meses en Madrid.
Día 1 de abril. Se levantó sin prisa pero con los nervios de punta. Bebió café, volvió a fumar. Se duchó, volvió a fumar… Fumó dos más en su coche en el trayecto desde Langreo hasta Mieres. Era su primer día de reparto allí. Sabía hacer su trabajo, era rápido, ágil, concentrado. Hacía quince años que era cartero, todo lo que quería era una rutina laboral en su pueblo, cumplir con lo suyo y vivir “acomodado” en sus emociones sin demasiados sobresaltos. Con el abandono de su mujer, a la que había querido con locura, el que lo llevó al mismísimo puñetero infierno de tormentos, ya había sido bastante. Se juró entonces no volver a casarse, ni a enamorarse…
Pocos días antes de volver, en Madrid conoció a una mujer. Fue imprevisto, sorpresivo, impactante… En el único encuentro sexual que tuvieron, los dos se besaron el alma... No hubo tiempo para las palabras, apenas existía la certeza de la despedida, que fue sencilla, sin ceremonias, ni lágrimas. La sonrisa nerviosa, un abrazo apretado y tibio, nada más.
Llegó a la oficina de correos pocos minutos antes que el camión, ahí estaban los que a partir de entonces serían sus compañeros, se movió junto con ellos para realizar la descarga de paquetes, algunos, llenos de cartas. A pesar de sus nervios, una vez más, afloró a sus pensamientos esa satisfacción que le provoca comprobar que aún se escribe tradicionalmente. No era amigo del Chat, apenas usaba Internet y ni siquiera tenía correo electrónico.Todo era desconocido, hasta las calles de Mieres. Ya dentro de la oficina se dirigió a la jefa que le indicó los casilleros y su mesa. Cogió el mapa, ordenó la correspondencia y con un gesto de “estoy perdido” preguntó
— ¿Por dónde empiezo? — Así salió a la calle… Una vez más, hacia lo desconocido, en un día soleado, de los pocos extraordinarios en los que Asturias dibuja caprichosa a su propia bandera. Sudaba. No hacía calor, ni frío. Era el crucigrama que llevaba en el carro que desbarajustaba sus pasos.
Pensó en ella.
Con los días y poco a poco se fue adueñando del lugar y comenzó su juego: Calle Xixón*; Calle Pérez de Ayala, Langreo, Luarca… Como una partida de ajedrez, simple comenzar a mover las piezas si conoces el juego y todo un desafío frente a un nuevo rival. Jaque mate en el último buzón.


Pensaba en ella.


Cada pensamiento era un alarido de nostalgia, un insondable deseo inconsciente de volver a creer, de empaparse los ojos. Un deseo al que no estaba dispuesto, ya había decretado su vida. Rutina. Al fin y al cabo la rutina le ofrecía seguridad. Trabajar, dormir, hacer música, salir a beber, alguna amiga con quién compartir momentos, fumar, aburrirse… un poco morir.Una mañana de orbayü* en la que salió bien preparado con su chubasquero le llamó la atención una carta que venía del extranjero:


"Cristina
Cai* del embruxu* 7º - 33600
Remitente: Manuel, France"


Excepcionalmente tuvo curiosidad. Se dirigió hacia la calle sospechando el portal posible, el único edificio con más de cinco pisos allí. Sería sencillo, mirar en el buzón que dijera Cristina y a continuar. De todos modos era una carta que no podría ser devuelta por falta de datos. El desconcierto fue ver que de los cinco buzones del séptimo piso, había tres con el nombre: Cristina, el “B”, el “C” y el “E”...
La carta parecía moverse inquieta entre los dedos longilíneos de sus manos fuertes y particularmente estéticas. Pulsó los tres timbres, solo contestó Cristina la del “E” pero no conocía a ningún Manuel. Y sintió “algo”, un tibio calor, como un aire de susurros con olor a esperanza. Pensó en ella y como si fuera ella la que empujara su mano, depositó el sobre blanco con el rayado típico en los bordes de vía aérea, en el buzón del “C” -la inicial del nombre de la mujer de Madrid-.Se alejó pensando en la tontería que acababa de hacer y al mismo tiempo en una posible historia de amor. Era la primera vez que se sentía involucrado en una carta, en un trozo de papel que lo inducía a creer en los sueños y emociones de dos personas que pudieron haberse conocido en otro sitio; y enamorado… Tal vez estaba plasmando allí algo apenas manifiesto de lo que comenzaba a sentir… “Ojala me llame” — pensó — sorprendiéndose a sí mismo — En su fuero más íntimo, sabía que había comenzado a echarla de menos desde el mismo momento en que se dijeron adiós. Pero estaba su “decreto” y su contradicción. Los días siguientes fueron un -no poder- apartar de sus recuerdos los ojos y el olor de aquella mujer. Luchando aún con la posibilidad de haberse quedado pillado, caminaba rumbo hacia una destinataria de carta certificada, -aviso de corte del suministro de energía eléctrica-. Pulsó varias veces el timbre, el televisor encendido podía oírse desde afuera, sin embargo nadie contestaba. Otra vez un giro al protocolo y a sus costumbres, de reclamar respeto al trabajador. Era simple: Devolver el aviso con el característico “No responde”. Sin embargo, tuvo una nueva sensación, una fuerza invisible y temblorosa lo llevaba a insistir. Y a la vuelta de terminar su recorrido volvió a pasar por allí. Se acercó, volvió a llamar varias veces, el televisor continuaba dando las noticias de España. Era una casita, el pequeño jardín parecía llorar en la sequía de sus plantas marchitas. Miró todo lo bien que se podía distinguir desde el pequeño y antiguo pórtico de madera hacia la ventana, notó la figura de una persona sentada en un sofá a través del visillo semitransparente. Tal vez tuviera problemas auditivos, entonces decidió cruzar el pórtico, se acercó a la ventana, golpeó con fuerza el vidrio, pero la silueta que estaba dentro ni se inmutó. Tal vez dormía y aún lo extraño de tal situación, se marchó.Al día siguiente pasó otra vez por allí y otra vez la fuerza que lo empujaba… Y otra vez la misma imagen, la misma cadena de TV embarullando el silencio de esa inquietante escena. Volvió a llamar y nada… No contento con ello y ya muy consternado llamó al 112. Todo su cuerpo era un temblor alarmante, una angustia en el pecho que lo asfixiaba. Temió lo peor.Tras todos los procedimientos correspondientes, los agentes de la guardia civil derribaron la puerta y entraron. Comenzó a emanar desde adentro un fuerte y nauseabundo olor fétido. Era una mujer bastante mayor. Estaba muerta. Al cartero le temblaron las piernas, se sintió apenado por no haber echo lo propio el día anterior, pero a juzgar por el olor a descomposición, ese cuerpo llevaría un buen tiempo así. Tuvo que declarar el triste descubrimiento y un transeúnte común fue escogido como testigo de la labor policial. Aturdido llegó a su casa, reblandecido por todos sus sentidos, abatido… y solo. Le pesó el dolor de la vida misma, pensó muchas hipótesis sobre la anciana, cobró vida su soledad, en ella sentada en aquel sofá. Se vio a sí mismo, lloró... ¿Por qué ahora? ¿Por qué codearse con la muerte, por qué pensar que la soledad no es buena cuando había creado su perfecta y sincrónica vida?


Pensó en ella.


Continuará...
< *Pronunciaciones en bable (Lengua asturiana):

Carteru: cartero.
Xixón:
Gijón

orbayü: llovizna muy fina (garúa)

Cai del embruxu: Calle del embrujo

miércoles, 28 de abril de 2010

Libélulas



Un sutil aleteo tornasolado, hizo detener a la campesina. Como cada tarde, vencedora de lluvias y soles, bajaba de la huerta...






Asida a su cayado, recelosa, sostuvo la capelina de paja, ante la fuerte ráfaga de viento que se desató de la nada. Algo la hizo emprender una veloz carrera, acelerando su ritmo cardíaco a niveles desbordados para sus setenta…
— ¡David! ¡David! —repetía a viva voz, con el aliento entrecortado— Alarmado, el hijo corrió a su encuentro para sostenerla en sus brazos. —¿Qué pasa…? ¿Qué… qué…?— Doña Mercedes, sin poder pronunciar palabra, se abalanzó sobre el buró, levantó una de sus tapas, abrió con prisa y manos temblorosas el antiguo cofre de malaquita, del que se desparramaron unas cartas envejecidas… Por la ventana, se colaron sin permiso tres libélulas. Depositó un sobre amarillento sobre las manos de su desconcertado hijo —Es de tu padre, para ti, debes leerlo.— No entiendo —dijo David— ¿Por qué ahora? — No lo sé — respondió exaltada la mujer — Pero estoy segura que es la hora… Es la señal… Son las libélulas… sus alas… todas de colores diferentes…— Aturdido, el joven granjero salió al patio y se acomodó en el rústico banco de madera, que envejecía crujiente bajo el cerezo. Abrió el sobre con ilusión de niño… Ahora, tenía treinta años.

“Hijo mío, mi David querido: Es mi voluntad que leas estas palabras cuando seas mayor, cuando puedas comprender que me he ido. Estoy seguro que me recordarás, tu madre lo habrá hecho bien, no tengo dudas.Muchacho, si todo cuanto soñamos tu Mama y yo ha sido posible, hoy serás un hombre de bien, serás valiente y verdadero, por eso no voy a hablarte de valores, voy a hablarte de “secretos”.Debes encontrar un tesoro que te he dejado escondido. Mira el nogal, seguro no te acuerdas, pero lo plantamos juntos y justo detrás, quiero que caves un hoyo, a poco más de cincuenta centímetros, cuando la pala se resista sobre piedras, con tus manos quítalas una a una. Encontrarás una pequeña caja de níquel (pertenecía a tu bisabuelo) y dentro hay un pergamino muy valioso. Ve ahora, hijo, hazlo, cuando hayas acabado, tu madre te dará un regalo.”

En estado de conmoción siguió las indicaciones de la carta. Tal como decía, cavó y halló las piedras, ovaladas, lisas, casi todas iguales, las quitó una por una, hasta que delante de sus atónitos ojos apareció la caja. Con los dedos deslucidos por el trabajo de la granja, quitó la tierra que la cubría, mientras temblaba y por su mejilla, caía una lágrima. Abrió con sumo cuidado, dentro, el manuscrito enrollado y atado con un cordel violáceo, esperaba por el legatario. En el rústico papel podía leerse:

“El TODO es mente; el universo es mental”.
“Como arriba es abajo; como abajo es arriba”.
“Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra”.
“Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse”.
“Todo fluye y refluye, todo tiene sus períodos de avance y retroceso”
“Toda causa tiene su efecto”
“La generación existe por doquier, todo tiene sus principios masculino y femenino”

PIDE UN DESEO DESDE LO MÁS PROFUNDO DE TU ALMA

Ahora cierra los ojos por unos instantes e imagínate que ya has obtenido lo que deseas. Siente esa emoción, vívela como si fuera real. En este mismo momento todo el universo está conspirando para realizar tu pedido. El pensamiento, es una energía que “viaja” a una velocidad quizás mayor que la luz, tan solo es un instante. Esto es eterno, fundamental e inherente a todas las cosas.



¡Ten fe y Sé feliz!”


Confuso… y a la vez atrapado en una sensación extrañamente maravillosa que flotaba a su alrededor, vio cientos… ¡miles! de libélulas brillar. El viento comenzaba a chirriar…
Juan, el padre, había muerto cuando David tenía cinco años. Se le acercó su madre, emocionada y le dio un anillo que llevaba una inscripción: “Volveré con el viento”
Cuenta la leyenda, que cada vez que se levantaba un vendaval, solo en el campo de David, volaban millones de libélulas con alas multicolores y que él… preparó un nuevo tesoro para sus hijos.

sábado, 24 de abril de 2010

El secreto


Lo guardó en un cofre forrado de cuero, color chocolate. Cerró con la llave Anj y lo escondió en el trastero de los cobardes. Pero éste, no tardó en escaparse. Salió por la cerradura y un día cualquiera le empujó a maquillarse, a calzar los tacones y salir a la calle. En su DNI se alega el registro: Roberto Giménez, hombre.

martes, 20 de abril de 2010

Me quiere-No me quiere...



De tanto deshojar margaritas, los pétalos, acabaron por taponar las alcantarillas. Ahora navego por el río Lágrima.

Matrimonio mixto

Llevaban cuatro años viviendo juntos cuando decidieron casarse. Matrimonio mixto: español y extranjera. Extranjera (sin papeles) con doble nacionalidad sudamericana de dudosa certificación por incendio en Registro Civil -sección expedientes- La Plata-Buenos Aires. Requisitos para contraer matrimonio en España: Alí, Babá, los cuarenta ladrones más sesenta y nueve relatos del tomo II de Las mil y una noche. Decidieron casarse en Argentina. Amigos-cuasi-abogados recomendaron esta opción como una vía más fácil e inscribir dicho matrimonio posteriormente en España. Hablamos de porteños y bonaerenses que of course se ofrecieron a colaborar con los trámites -Que te puedo cobrar-. Empezó el candombe (porque ella es también uruguaya). Los seudo-gestores fueron alrededor de veinticinco veces al Registro Civil de Belgrano (Por dirección en DNI de la contrayente) y otras cinco al Registro Civil central -Uruguay 753-
—Los trámites son personales—
—Es que residen en España, sólo queremos solicitar la fecha— (Enseñando carta certificada de la contrayente autorizando el/los trámites -por derecho legal-).
—¿Para que fecha?—(A estas alturas ya habían recibido regalitos ambas dos funcionarias públicas)
—6 de marzo—
—Tiene que venir el día 6 de febrero a solicitarla y el día a ver... (mira calendario) 23 de febrero tienen que estar los contrayentes en persona en el Registro Civil central sin falta, con los originales, el contrayente firmará una declaración jurada de su divorcio, del central comprueban vía España si es correcto. Todo tiene que estar antes de la fecha de la ceremonia aquí en Belgrano— (papel que no estaba allí el día de últimos trámites).
23 de febrero, recién llegados a Buenos Aires, tempranito se presentan con una carpeta gigante en el Registro de la calle Uruguay. Detrás de la verja un cartel: Lunes y martes cerrado -¡cáspitas-feriado-de-carnaval!- Luego de muchas vicisitudes (incluida la arcaica ley de los prenupciales en el hospital Fernández donde les extrajeron sangre ¡sin guantes!) se casaron. Regresaron a España. Los documentos (éstos sí son los dos tomos completos de los relatos de Sherezade) llevan un año en Madrid en lista de espera, sólo, para saber si les aprueban el matrimonio y validarlo en España...
A la fecha, ellos, están a punto de divorciarse.

martes, 23 de marzo de 2010

Cuentos de hadas para adultos



Yo sigo buscando mi espada. Él la encontró en el Santo Grial de O'Cebreiro. Luego contó la historia pero nadie lo leyó, hasta que un misterioso Rey le dio dos piedras: Urim y Tumim. Ya voy Fátima. Y la Alquimia lo convirtió en oro.

sábado, 20 de marzo de 2010

Simbiosis


Adherida al ramaje de tu pecho, un hilo de saliva espesa evaporaba el éter-borrachera-noche-loca-sidrería y chiringo. Bailame un tango en las callecitas empedradas. ¡Ay que frío en la madrugada de Madrid! Tú te ibas yo venía. Sexo-solo-una-noche y si te he visto no me acuerdo que ya no estoy para despedidas. Mañana me saco el pongo y vos en tu blanco BJ, vas pal norte a comete les fabes y a cantar: Asturies patria querida. Yo me quedo con el himno, la mejor versión: Charly ¡te quiero! Esta tarde pareciera que estoy en pedo pero no he tomado ni una sola uva. Estamos en casa algo pelotudos. Tú compones, yo pinto, reciclo y escribo. Es la simbiosis de nuestra vida...

miércoles, 10 de febrero de 2010

Mora

Drama sobre imagen de DamasArt-Todos los derechos reservados

Por las noches sueña que tiene poderes, entonces traza un puente de luz sobre el mar y cual equilibrista perfecta, hacia el futuro, se desliza ilusionada. Y cuando despierta, la realidad es una cama caliente sobre la arena, donde yace con una sola pierna. La otra, la perdió por gangrena. Fue cuando intentó llegar a España y naufragó la patera…

miércoles, 3 de febrero de 2010

Algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul…



No se lo que falló, algunos dicen que el collar de perlas… otros, que era añil el lazo hilvanado en el reverso de la organza… pero aquella noche, con diecisiete años y en mi vientre un vástago, a la condena del pecado, la he sentenciado yo.

viernes, 19 de junio de 2009

Bruja


Yo le dije:
-Esto es una fantasía, una calentura. Te vas a arrepentir, LO SÉ. Y cuando haya pasado yo no voy a estar aquí.-
Le supliqué, lloré, me puse de rodillas. Desteñí mi pelo y flaca hasta los huesos, me consumió la lava del volcán de su locura. Fue tan largo el año del olvido, como ancho el perdón que me empujara a mi destino. Sobreviví. Me encerré. Me aislé. Me salvé.

Pasaron cinco años, tres meses y nueve días... él me dijo:

"Vos sos bruja. Me perdí."

Escrito en Asturias
el 8 de Junio de 2009.

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