miércoles, 5 de agosto de 2009

Cataclismo urbano





No me creías…


Tus manos de circonio gastado se asían desgarradas a las noticias que mentían.

La sequía arrasaba con las pieles humanas, licuando toda probable eclíptica esperanza.
La vida tan solo fue un hálito fino de tiempo y el dinero carente de toda importancia.

Dilapidé mis cuerdas vocales repitiéndote lo que oía. Brotaba desde mi plexo una inenarrable voz extraña. Escala musical inédita. Pletórica de fusas, redondas y blancas. Vocablo celestial, mágicas e inexorables resonancias.


Yo creí. Me proclamaste insana.


Me solté de tu mano obtusa y bajé al túnel de las cloacas. Fueron minutos… Olas gigantes, gemidos, mares de lágrimas… Zarandeándose se agitaron las riadas, engulleron todo. Inundaron el mundo con furia desenfrenada. Hundieron cemento, armas de guerra, desechos nucleares, tecnología… Deglutieron ignorantes opulencias y hordas avalanchas.


Breve fin. Extensa reberverancia.


Mis pulmones se han vuelto ligeros y siento que puedo respirar en el agua! No tengo manos para palparme el cuerpo. No existen ya mis piernas cansadas.


¡OH! ¡Cósmica voz de mi alma!

Ahora soy un pez violeta sin escamas

Me he enamorado del pez raro

El de color verde esperanza…


Premios y Reconocimientos


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